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La Trova

Bajo la sombrita de un acebiño, al son de una isa y sin que faltaran las papas arrugadas en la mesa. Con una hora menos, pero la misma felicidad, entre carnavales y romerías y con el salitre pegado al cuerpo desde enero hasta diciembre. Así crió Canarias a Yaiza Guimaré, Iris Díaz, Lamberto Guerra y Alba González de Molina, viéndolos crecer, a veces desde lejos, cuando decidieron probar suerte en el cine. Ahora recuerdan con cariño la tierra que los vio nacer y regresan a ella siempre que pueden para ponerse las cholas y respirar el aroma del mar.

Y precisamente es ese olor lo que más echa de menos Yaiza Guimaré. La actriz canariona un día se decidió a cambiar los atardeceres en Las Dunas por la capital española, donde estudió interpretación. Bailarina desde muy joven y presentadora de televisión en varias ocasiones, ha representado papeles en diferentes series como Hospital Central o La fuga, y más recientemente, Élite o Hierro. Respecto a la gran pantalla, tras su debut en Cándida, ha colaborado en Que parezca un accidente o Happy people.

Guimaré y todo el equipo de Hierro han hecho historia: no solo esta es la primera producción nacional rodada con acento canario, sino que además han conseguido hacer del territorio herreño un personaje más. “Aunque no hayas estado en El Hierro o no sepas que existen las Islas, estoy segura de que todos se habrán sentido identificados en algún momento, porque tenemos miedos y esperanzas parecidas, seas berlinés o canario”.

«Normalmente no existe ocasión de trabajar en canario«

Pero sin duda, lo que más destaca de esta serie es la identidad canaria: todos los actores, a excepción de tres, han nacido en el Archipiélago. La actriz lamenta que no existan más series como Hierro o Fariña (donde se hace palpable en acento gallego en toda escena) porque de esta forma el público conecta más con el guion: “Normalmente, no existe ocasión de trabajar en canario a no ser que el director lo especifique”. Tal y como explica, para colaborar en proyectos nacionales es necesario neutralizar el acento si así lo piden: “Si no lo cambias, posiblemente apenas trabajes”.  

Iris Díaz tenía un sueño: ser actriz. Por eso, con veintiún años decidió irse de las Islas para luchar por él. Ahora, diecisiete años después y habiendo pasado por reconocidas series como El Príncipe o Amar es para siempre, forma parte también del elenco de la segunda temporada de Hierro.

“Mi personaje llega en un momento de madurez personal para mí”, expone Díaz. Representa a una mujer libre, segura y muy profesional. Ahora, a sus casi cuarenta años, siente que puede acercarse a ella “desde un lugar mucho más seguro”.

“Hay un vínculo especial que se activa cuando trabajas en casa”

La intérprete agradece trabajar en Canarias, ya que su mayor acercamiento profesional al Archipiélago ha sido al representar una policía canaria en El comisario. “Me emociona tomar contacto de nuevo con mi tierra, con todo lo isleño, poder trabajar con mi acento… Volver aquí es una gran ilusión, ya que hay un vínculo especial que se activa cuando trabajas en casa”.

Iris Díaz tenía un sueño y lo cumplió. Ahora, con ese éxito en el bolsillo, sus aspiraciones se han vuelto “más sencillas”: dedicarse a su familia, aprovechar para ir al mar cuando no trabaje o tomarse un café con los suyos. “Cuando decides ir a probar suerte, te pasan muchas cosas a nivel individual, pero te pierdes cumpleaños, navidades, vacaciones… Después de tantos años, valoro mucho que ahora todo eso ahora se aúne”.

La maquilladora personal de Nicole Kidman, una prueba de vestuario con la diseñadora de Harry Potter, charlas a las cinco de la mañana con Liam Neeson y sus legañas o una suite en un hotel de la bahía de Cardiff. Esto es todo con lo que se cruzó Lamberto Guerra, actor y director, en su participación en Ira de titanes.

Sin embargo, aunque reconoce que en una gran producción “todo está mucho más medido al milímetro” lo que facilita el trabajo también a nivel actoral, su forma de encarnar un papel no cambia: “Yo no preparo dos personajes de la misma forma, da igual si son para una producción local o internacional”.

Este canario con el alma dividida entre la Avenida de Las Canteras y las calles de La Laguna también ha participado como actor en La sala y actualmente en Grasa, la comedia en emisión dirigida por David Sainz. Por su parte, como director, ha realizado diversos cortometrajes: Lo que no se veNice song (por el que obtuvo el premio FIMUCITÉ a Mejor canción de cine), Nueces o más recientemente Lila, producido junto a Sofía Privitera.

“Quienes hacemos cine en las Islas somos conscientes de la calidad de nuestras obras”

Lila es el primer trabajo donde ha contado con un buen presupuesto gracias a la colaboración del Cabildo de Tenerife y TEA, entidades con las que se muestra agradecido al tiempo que insta a otras instituciones a colaborar con las producciones isleñas. “Si hablamos de subvenciones, se exigen unas condiciones que están lejos de la realidad de los cineastas independientes, que somos los que nutrimos el cine canario”.

Según Guerra, existe una “falta de voluntad política” para luchar contra estas taras: “Quienes hacemos cine en las Islas somos conscientes de la calidad de muchas de nuestras obras, pero falta apoyo por parte de las instituciones. Llegan con años de retraso”.

Pese a esto, el artista defiende una mejora local, conseguida gracias al “talento, esfuerzo y constancia de la gente que lo hace”. Pero sigue siendo difícil que los artistas canarios accedan a papeles de peso: “Es justo reconocer y disfrutar de los avances, pero no hay que cometer el error de caer en la autocomplacencia porque estos siguen siendo testimoniales, aún muy lejos de nuestro potencial”, comenta el director.

Después de trabajar en proyectos millonarios y en cortos a coste cero, asegura que “la mayoría de los ganadores del Oscar están a años luz de alcanzar el mérito de actores que interpretan tres o cuatro personajes, colaboran en algún corto sin remunerar y trabajan a media jornada para poder llegar a fin de mes”.

Y es que, tal y como cuenta, actuar no siempre es “irte de vacaciones con tu profesión”. Pero, aun así, quienes dirigen “nunca podremos dejar de crear y quienes actuamos nunca podremos dejar de actuar”.

Ángela González de Molina, directora y actual delegada de CIMA Canarias, se planteó más de una vez, en su habitación grancanaria que, si hubiera nacido en otro lugar de España, habría tenido más oportunidades.

La fuga de cerebros existente en Canarias es la culpable de ese qué hubiera pasado sí. El motor económico del Archipiélago está centrado en el turismo y la hostelería, por lo que la directora defiende la necesidad de una redirección de fondos hacia la cultura, a fin de frenar la huida de talento: “El lugar donde vives debe dar a todos la posibilidad de crecer personal y profesionalmente”.

Y a ella se las ha dado. Entre sus trabajos encontramos tanto proyectos rodados en Canarias (Las flores de Jericó) como otros realizados en lugares nacionales e internacionales (Stop! Rodando el cambio).

“Vivir en una isla tiene sus cosas positivas”

Pero sin duda, hay que hacer una especial mención a Julie, película que obtuvo el premio del Festival de Málaga a Mejor ópera prima. “Recuerdo la llamada telefónica de la distribuidora…”, comenta la directora. “Ni si quiera podría decir que fuera un sueño cumplido porque nunca llegué a imaginármelo”.

Hoy, teniendo en cuenta esta trayectoria, está convencida de que “al final, vivir en una isla tiene sus cosas positivas”. La profesional ha confirmado que la clave del progreso no reside tanto en vivir en una gran ciudad, sino en relacionarse lo más posible con el mercado del cine: “Cuantos más festivales visites, mejor”.

Alba G. de Molina fue nombrada a finales del pasado año delegada de CIMA Canarias

Producciones en auge

Las palmeras, el buen clima y la posibilidad de tener monte o mar a escasos minutos han formado un set perfecto para películas de renombre como Fast and Furious 6 o alguna del universo de Star Wars. Pero en los últimos años, se ha vivido un notable aumento: en 2018, las Islas acogieron 71 grabaciones; en 2019, solo en Tenerife se filmaron 151 proyectos y en La Palma, 26.

“Todas estas producciones, especialmente las extranjeras, se podían haber rodado en Almería, Gijón, Toledo o cualquier otra parte, ya que no se promocionan las Islas, sino que son un simple decorado”. Para Guimaré, la mayoría de estas películas se realizan en el Archipiélago por cuestiones puramente económicas. “Por suerte, existen maravillosas excepciones como Hierro”.

Opinión parecida presenta Lamberto Guerra, al comentar que “Canarias se está convirtiendo en un inmenso estudio para rodajes hollywoodienses y cine indie europeo… Pero este no potencia la industria local”.

Por su parte, González de Molina hace hincapié en recordar que “el cine canario es el realizado por autores canarios, no por aquellos que usan simplemente sus espacios como escenario”.

Una nueva normalidad incierta

La nueva normalidad y sus caprichos. Abrazos distantes entre actores que representan cualquier sensación menos lejanía. Guantes que camuflan las caricias de esos enamorados, de esa madre que consuela a su pequeña, de ese último adiós. Sonrisas escondidas tras las mascarillas. Lágrimas que no pueden ser secadas por manos ajenas. El mundo de la cultura, y en concreto del cine, se ve obligado a renovarse tras la pandemia.

Para Lamberto Guerra, la crisis es el estado natural de los actores: “Estamos acostumbrados a resucitar, reinventarnos y volver tropecientas veces a lo largo de nuestra carrera. De resiliencia estamos servidos, la incógnita es qué pasará alrededor”.

“Es el momento de demostrar que valoramos la cultura como parte fundamental del crecimiento y educación de un país”, expone Guimaré. “Espero que lo común, el  y el yo, lo que surge como tercero, la suma de juntarnos para salir adelante y el planeta en el que vivimos, no se pierda de vista”, remata la actriz.

Por su parte, Iris Díaz cree que la extrañeza se convertirá en una figurante más, ya que “este es un oficio de equipo, donde las relaciones humanas y profesionales están muy integradas”.

“Estoy deseosa de que llegue el momento de entender este oxímoron de nueva normalidad”, afirma González de Molina.

Y mientras llega, que el acebiño siga dando sombrita, las isas continúen sonando, las papas lleguen a tiempo para comer y las cámaras sigan rodando escenas en Canarias, con profesionales autóctonos tanto delante, como detrás de ellas.

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