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Ut pictura poesis

Ya hacía rato que había entrado de lleno la noche en la villa londinense. Algunas nubes tapaban el cielo estrellado, ocultando tras de sí la luna llena en su máximo apogeo. Las amarillentas luces de las farolas iluminaban las calles,…

Aquella soleada tarde de verano, el hombre gordo de la camisa  verde y la gorra amarilla estaba sentado como de costumbre en uno de los medianamente oxidados bancos del parque. Nadie sabía por qué lo hacía, ni para qué. Llegaba…

Dispénsame, Cervantes, por mi prosa edulcorada con símiles absurdos y nefastos soliloquios. Pido perdón, Quevedo, por rimas desatinadas escritas al amparo de mi frágil amor propio.   No soy, ni quiero, un grande, tan siquiera un miserable deudor de tres…