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La Trova

¿Qué fue la Peste Negra?

La Peste Negra fue una enfermedad contagiosa que afectó a la mayor parte de los territorios rurales y urbanos de Europa, Asia Menor, Oriente Medio y el Norte de África en múltiples momentos concretos a lo largo de los casi 1500 años de duración de la Edad Media y la Edad Moderna. De entre todos ellos, el más conocido, por su extensión y sus consecuencias, fue el foco pandémico de Peste Negra de 1347-1353. Los siguientes brotes, a pesar de no ser tan famosos por no haberse extendido tan ampliamente, fueron igual o más graves, si el criterio que tenemos en cuenta es el número de afectados o la mortalidad.

El agente biológico transmisor era un bacilo, la Yersinia pestis, que se encontraba en las pulgas y otros parásitos de las ratas grises y negras y otros roedores como las marmotas o las ardillas, aunque no podemos descartar que hubiera otras procedencias. La peste negra tuvo tres variedades: la pulmonar, la septicémica y la bubónica. La pulmonar, provocada por el paso del bacilo a los pulmones y manifestada por síntomas como la tos continua y los esputos de sangre, acababa con más del 90% de los afectados. La septicémica, que mataba casi al 100% de los afectados, ocurría cuando el bacilo se propagaba por todo el organismo a través de la sangre, provocando grandes hemorragias, fiebre alta, temblores, agotamiento generalizado y alucinaciones continuas. Por último, la bubónica, la más común y que mataba a un 50-75% de los afectados, dio nombre a la Peste Negra debido a los bultos o bubones ovalados o redondos de color azul oscuro, casi negro, surgidos preferentemente en la ingle, el cuello y las axilas.

Mapa de la difusión de la Peste Negra entre 1346 y 1353
Mapa de la difusión de la Peste Negra entre 1346 y 1353 (National Geographic)

Gracias a la ciencia moderna de la epidemiología se ha podido establecer una serie de plazos estables sobre las distintas fases de la epidemia. Los cálculos recientes estiman que pasan en torno a 20-28 días entre la introducción de ratas infectadas en la comunidad y las primeras muertes de humanos enfermos, que previamente llevan 3-5 días incubando la enfermedad y 3-5 días con la manifestación de sus efectos.

El origen de la Peste Negra

Desde mediados del siglo VI, en tiempos del Imperio Bizantino de Justiniano, el continente europeo no vivía una epidemia de peste tan extendida y mortífera. Lo cierto es que aun a día de hoy se desconoce el origen exacto de la Peste Negra, tanto a nivel universal como a este nivel concreto del siglo XIV. No obstante, según los últimos estudios, la epidemia de peste del siglo XIV habría iniciado su camino probablemente en la región de los lagos Baljash e Issyk-Koul, al sudoeste del actual Kazajistán y el noreste del actual Kirguistán, respectivamente. Desde ese lugar, donde se documenta la peste en 1338-1339, se habría extendido por el mar Caspio, Oriente Próximo y la región de los ríos Volga y Don.

A partir de su llegada a la península de Crimea (Ucrania), el viaje de la Peste Negra ya es bien conocido. Todo se habría iniciado entre finales de 1346 y comienzos de 1347 en la ciudad de Caffa, una colonia comercial de los genoveses en el sureste de la península de Crimea que estaba siendo asediada por un ejército de tártaros y mongoles desde 1345. Después de mucho tiempo intentando conquistar sin éxito la urbe, y con la peste contagiada en las filas de sus tropas, los mongoles habrían tomado una decisión más radical. Supuestamente, habrían lanzado a los infectados de peste con catapultas tras las murallas de la ciudad, produciendo el contagio de sus habitantes.

El triunfo de la muerte, obra de Pieter Brueghel el Viejo hecha en 1562

Sin embargo, a día de hoy los conocimientos modernos sobre epidemiología hacen descartar la posibilidad de esta fuente de contagio. La hipótesis actual más factible apunta a que, ante un asedio tan largo, los roedores que vivían entre el ejército acabaron infiltrándose en la ciudad por las grietas abiertas de sus muros y las puertas, contagiando así a los roedores que ya vivían en el recinto urbano. Fuera como fuera, lo cierto es que, solo tres años después, en 1350, la desolación de la Peste Negra había llegado ya a los países bálticos.

La extensión de la Peste Negra

La Peste Negra del siglo XIV, uno de los mayores desastres demográficos de la Historia, comenzó a propagarse por Europa gracias a los barcos de los comerciantes italianos que huyeron de la ciudad de Caffa. La historia de su extensión se inicia en las grandes ciudades marítimas del mar Negro, como Constantinopla o Trebisonda, en mayo de 1347, y finaliza con su llegada al oeste de Rusia a través de los países bálticos a finales de 1351. Partiendo del mar Negro en diversos frentes, las rutas comerciales llevaron la Peste Negra por todo el Mediterráneo desde las islas griegas y Sicilia (agosto-septiembre de 1347) hasta Marsella (septiembre de 1347) o Alejandría (otoño de 1347), pasando por Mallorca (diciembre de 1347), Barcelona y Valencia (marzo de 1348), o Almería, Gaza y Túnez (abril de 1348), entre otros muchos ejemplos.

Siguiendo rutas marítimas y terrestres, la Peste Negra cubriría de muerte todo el continente europeo en los siguientes meses. A mediados de 1348 ya afectaba a toda Italia (incluyendo Venecia, Pisa o Florencia), buena parte de la península Ibérica y Francia. A finales de ese mismo año ya estaba en Inglaterra, y en 1349 se extendió por los países del mar del Norte.

La peste acaba con una víctima. Códice Stiny. Biblioteca Universitaria, Praga (National Geographic)

Consecuencias de la Peste Negra

No es nada fiable establecer unos cálculos a nivel europeo de la mortalidad causada por la Peste Negra, ya que su incidencia fue diferente en cada ciudad o pueblo que arrasaba, en cada país y región geográfica que hacía acto de presencia, y es hasta cierto punto imposible saber números exactos de muertos en los sitios en los que no llevaran recuentos oficiales que nos hayan llegado hasta la actualidad. Sin embargo, grosso modo, por poner una cifra, podríamos decir que la Peste Negra del siglo XIV acabó con la vida de un tercio de los habitantes de Europa. Evidentemente, esta cifra es inferior o superior según zonas. Inglaterra, por ejemplo, perdió en torno a un 25% de su población, mientras que Navarra se acercó al 50%.

Más allá de los números de estos años, la consecuencia más grave que hubo es que, después de esta primera visita, la peste se instaló en Occidente. De esta manera, durante la segunda mitad del siglo XIV y las primeras décadas del siglo XV se sucedieron nuevos brotes de la enfermedad cada diez o quince años. Este hecho imposibilitó que las comunidades humanas, ya sean urbanas o rurales, recuperaran sus niveles de población previos a la peste hasta casi un siglo después del inicio de la misma.

Litografía de Moynet en el que se ve un carro cargado con víctimas de la peste negra

Esta caída demográfica continuada agravó la ya existente crisis económica general del siglo XIV a consecuencia de la caída del rendimiento agrícola, la subida de los precios y el aumento del hambre. Perder un cuarto, un tercio, la mitad o incluso más porcentaje de la población de un lugar significaba que no había mano de obra suficiente para trabajar la tierra o llevar a cabo las actividades comerciales necesarias para el resurgimiento de la economía. Ello trajo consigo el abandono de los campos, el descenso de la producción y los precios del grano, el alza de los salarios, el aumento de la brecha económica entre nobleza y campesinado y numerosas revueltas sociales, como la Jacquerie en Francia y el levantamiento inglés de 1381.

No sería hasta mediados del siglo siguiente (1440-1460) cuando la recuperación empieza a notarse. La reocupación de las tierras, el incremento de la producción y la subida demográfica, favorecida por el alejamiento momentáneo de la peste, nos confirman que la sociedad europea estaba avanzando a buen ritmo en su recuperación. No obstante, a nivel psicológico la peste había calado muy profundamente en la mentalidad de los europeos. Es a partir de la Peste Negra cuando aparece el miedo, la angustia existencial, la presencia de la muerte en la realidad cotidiana, la radicalidad de las sectas religiosas y la violencia contra chivos expiatorios como los ricos o las minorías sociales, como los judíos. Todos los cambios sociales, económicos, políticos y culturales de este siglo presagiaban la llegada de un nuevo mundo, la Edad Moderna.

Bibliografía

BENEDICTOW, O.J. (2011): La Peste Negra (1346-1353). La historia completa. Ed. Akal, Madrid.

PORTELA, E.: «La Peste Negra y las crisis agrarias», en CLARAMUNT, S.; PORTELA, E.; GONZÁLEZ, M; MITRE, E. (2006): Historia de la Edad Media. Ed. Ariel, Barcelona.

SISTACH, X.: «La peste: la lucha de los médicos contra la epidemia», en Historia National Geographic, nº149, 2016, pp. 62-75.

VILLALBA RUIZ DE TOLEDO, F.J. (2015): Para comprender la Edad Media. Ed. Universidad de Sevilla, Sevilla.

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