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Introducción

En la antigua Roma, los espectáculos de masas eran gratuitos, ya que representaban para el ciudadano un derecho, no un lujo que solo algunos pudieran pagarse. Ordenados de mayor a menor frecuencia de celebración, grosso modo existían seis tipos de espectáculos romanos: las carreras de carros, los juegos de circo, los combates de gladiadores, la cacería de animales exóticos, los dramas mitológicos, y las naumaquias. En su conjunto, eran eventos que atraían a miles de personas de todas las clases sociales y servían no solo para entretener y distraer al pueblo de los problemas que les afectaban, sino para demostrar la fuerza y esplendor de la civilización romana frente a los bárbaros extranjeros. Asimismo, se utilizaban para desplegar las virtudes viriles más admiradas por los romanos: la admiración, la gloria, el coraje, la resistencia, la valentía…

Vista desde el aire del Coliseo romano
Vista desde el aire del Coliseo romano (National Geographic)

¿Qué eran las naumaquias?

Las naumaquias (en latín, naumachiae) fueron el espectáculo más complejo y sangriento que se llevó a cabo en la antigua Roma. Consistían en la representación teatral de una gran batalla naval que había tenido lugar realmente en el pasado, con un grado de realismo tal que los participantes (los llamados naumachiarii) se vestían con los uniformes de los dos pueblos enfrentados para matarse entre ellos.

Puesto que se trataba de verdaderos combates donde la violencia, las mutilaciones, la sangre y los ahogamientos eran una constante, los combatientes eran prisioneros de guerra y condenados a muerte. Lo más común en estas celebraciones era que ninguno de los participantes, que podían ser cientos o miles de hombres, saliera con vida. Normalmente, estas luchas se basaban en gran medida en la historia de Grecia. Así, a lo largo de los más de dos siglos que duraron, se representaron episodios como la victoria de los atenienses sobre los persas en la batalla de Salamina (480 a.C.), o el triunfo de Córcira sobre su metrópolis, Corinto (635 a.C.). Para ser fiel al relato histórico, la naumaquia debía seguir el mismo desarrollo que había tenido la batalla real, de modo que se construía escenografía, se usaban los remos para mover las naves, se utilizaban juegos de artillería…

La celebración de una naumaquia requería una gran planificación, además de una infraestructura gigantesca y enormemente cara, lo que explica que solo conozcamos una decena a lo largo de la Historia de la antigua Roma. Por tanto, para que pudieran realizarse había que cumplir una serie de condicionantes previos: tener un gran botín para gastar, asiduamente gracias a algún importante triunfo militar; construir los barcos que participarían, por lo general de tamaño algo inferior al de las naves reales; contar con un número suficiente de prisioneros y condenados; y disponer de un lugar apropiado donde llevarla a cabo.

La naumaquia de Ulpiano Checa
La naumaquia de Ulpiano Checa (1894)

Respecto a este último punto cabe decir que muy rara vez se utilizaba el mar o un lago natural. De hecho, la única conocida que tuvo lugar en el mar fue la que celebró el hijo menor de Pompeyo, Sexto, en el estrecho de Mesina en el año 40 a.C. Lo más habitual fue realizarlas en estanques de las villas de recreo romanas excavadas a propósito y rodeados de gradas para los espectadores, en lagos artificiales creados ex professo, o en anfiteatros que se inundaban para la ocasión.

Las naumaquias más famosas

En el año 46 a.C., para celebrar su victoria sobre los seguidores de Pompeyo en la Segunda Guerra Civil de la República Romana (49 – 45 a.C.), Julio César volvió a Roma y organizó una serie de diversas y fastuosas celebraciones. Aunque a lo largo de más de un mes hubo carreras de caballos, música y teatro, batallas de soldados, luchas de fieras y demás espectáculos, el momento culminante se produjo con la primera naumaquia de la Historia. Celebrada en un enorme estanque construido en el Campo de Marte y llenado con las aguas del río Tíber, la naumaquia de Julio César enfrentó a dos flotas formadas por birremes, trirremes y cuatrirremes, con 4000 remeros y 2000 tripulantes a bordo.

Estatua de bronce de Julio César en Italia, el creador de la primera de las naumaquias
Estatua de bronce de Julio César en Italia

Varias décadas después, en el año 2 a.C., el emperador Augusto (27 a.C. – 14 d.C.) organizó la más conocida de las naumaquias, descrita detalladamente en su documento autobiográfico, Res Gestae Divi Augusti. Tuvo lugar en un gigantesco lago artificial hecho construir por el emperador, del cual no se conservan restos de su estructura ni sabemos su ubicación exacta, salvo que estaba en la orilla izquierda del río Tíber. Si nos fiamos de los datos proporcionados por Augusto, este recinto medía 533×355 metros y tenía una profundidad de 1.5 metros, por lo que en total habría albergado más de 200.000 metros cúbicos de agua. Lo más probable es que el motivo de celebración de esta naumaquia se debiera a la inauguración del templo al dios Marte vengador, la cual se produjo en el año 2 a.C. Gracias a las fuentes sabemos que participaron treinta naves, entre las que estaban incluidas las birremes y las trirremes, y más de 3000 hombres sin contar a los remeros. Asimismo, como temática Augusto eligió representar la batalla naval que había enfrentado a persas y atenienses en el año 480 a.C., la batalla de Salamina.

Si bien la de Augusto fue la más famosa, la naumaquia celebrada por el emperador Claudio (41 – 54) en el año 52 fue la mayor. Celebrada en el lago Fucino para conmemorar la inauguración de los drenajes de agua para su desecación, el espectáculo recreó el enfrentamiento entre las flotas de los sicilianos y los rodios, cada una de las cuales tenía doce trirremes y un total de 19.000 combatientes, según Tácito. Antes del combate, todos los condenados saludaron al emperador con una frase que pasaría a la Historia: Ave Caesar, morituri te salutant (Ave César, los que van a morir te saludan). Al contrario de lo que se suele pensar, cabe destacar a modo de curiosidad que esta naumaquia es el único momento de la historia romana en el que se ha confirmado el empleo de esta fórmula. Además, el espectáculo dio comienzo cuando un tritón de plata emergió del centro del lago mediante un ingenio mecánico e hizo sonar la trompeta.

Recreación de la naumaquia de Augusto, por Jean Claude Golvin (Academia Play)
Recreación de la naumaquia de Augusto, por Jean Claude Golvin (Academia Play)

En otro orden de cosas, el primer ejemplo de naumaquias en anfiteatros, realizadas gracias a un amplio y complejo sistema de canales, colectores y compuertas, se encuentra durante el gobierno del emperador Nerón (54 – 68 d.C.). En el año 57 organizó uno de estos espectáculos en un anfiteatro de piedra y madera que había hecho construir en el Campo de Marte, y unos años después, en el 64, poco tiempo antes de quemarse en el gran incendio de Roma, organizó otra.

En el año 80, el emperador Tito (79 – 81) inauguró el monumento más famoso de la antigua Roma, el anfiteatro Flavio, más conocido actualmente como el Coliseo. Para conmemorarlo, se celebraron dos naumaquias: una en el lago artificial creado por Augusto, y otra en el propio Coliseo, que aun no contaba con las enormes estructuras de piedra debajo de la arena que construiría el emperador Domiciano (81 – 96) posteriormente, y que hicieron imposible la celebración de más naumaquias. Según estimaciones modernas, los más de 4200 metros cúbicos de capacidad del Coliseo se podrían llenar en poco más de una hora, gracias al gran número de canales y compuertas que hacían caer el agua dentro de la arena. Asimismo, el vaciado se realizaría de forma no menos rápida, a través de dieciocho colectores distribuidos en la arena.

Recreación del Coliseo romano en su máximo esplendor, por Jean Claude Golvin (Academia Play)
Recreación del Coliseo romano en su máximo esplendor, por Jean Claude Golvin (Academia Play)

El final de las naumaquias

Con el paso del tiempo, las naumaquias se hicieron cada vez más infrecuentes, debido a sus desorbitados gastos. No obstante, sabemos que el emperador Trajano (98-117) llevó a cabo una en un estanque próximo a la colina del Vaticano en el año 109, en el contexto de sus cien días de celebraciones por sus victorias sobre los dacios. La última referencia a estas celebraciones la hallamos en el año 248, cuando el emperador Filipo el Árabe (244-249) festejó el milenario de la fundación de Roma con una naumaquia ubicada donde estuvo más de doscientos años antes el lago artificial de Augusto. Ya sea por su rareza, por su crudeza o por todas las leyendas que se generaron en torno a ellas, las naumaquias han pasado a la Historia como uno de los mayores espectáculos de masas celebrados en la Antigüedad.

Bibliografía

AUGUET, R. (1972): Crueldad y civilización: los juegos romanos. Ed. Aymá, Barcelona.

BAKER, S. (2007): Roma, auge y caída de un imperio. Ed. Ariel, Barcelona.

MUÑOZ SANTOS, M.E.: «Naumaquias en Roma», en Historia National Geographic, nº 151, 2016, pp. 58-67.

ROLDÁN HERVÁS, J.M.: «Naumaquias, el mayor espectáculo de Roma», en La aventura de la Historia, nº 40, 2002, pp. 64-67.

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