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Introducción

El 1 de septiembre de 1939, hace justo 80 años esta semana, comenzaba la Segunda Guerra Mundial, el conflicto militar más importante de la Historia de la Humanidad. A lo largo de sus seis años de vida, una cantidad aún indeterminada de personas (entre 50 y 70 millones)  murieron a causa de los combates, las enfermedades, las hambrunas, las matanzas y las represalias que se llevaron a cabo. El conflicto llegó a extenderse por la inmensa mayoría de países del mundo, abarcando la tierra, el mar y el aire desde Siberia hasta Madagascar, y desde Francia hasta Australia. Sus hechos han servido para producir cientos de miles de libros, películas, series y documentales, así que cabe preguntarse… ¿qué fue lo que provocó la contienda? ¿cuáles fueron realmente las causas de la Segunda Guerra Mundial?

Soldados alemanes atravesando la frontera de Polonia para dar inicio a la invasión del país el 1 de septiembre de 1939

Causas de la Segunda Guerra Mundial

A la hora de pensar en un conflicto de tal magnitud, sería demasiado simplista concluir que fue por culpa de un determinado acontecimiento o personaje. También sería un error pretender hacer un estudio pormenorizado de todos y cada uno de los factores sociales, políticos, económicos, culturales e ideológicos que interactuaron entre sí para provocar el estallido de la guerra, ya que ese no es el objetivo de este artículo. Más bien, lo que se pretende aquí es hacer un breve resumen de las más destacadas causas de la Segunda Guerra Mundial: la humillación alemana tras la derrota en la Primera Guerra Mundial y la firma del Tratado de Versalles, la pérdida de confianza en las instituciones provocada por la crisis económica mundial generada con el Crack de la Bolsa de 1929, y la política de apaciguamiento realizada por las grandes potencias occidentales en los años 30. La combinación de estos y otros factores fue el caldo de cultivo perfecto para que Adolf Hitler desarrollara el virus de la guerra.

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Scherl Bildedienst: Sehnsucht von Geschlechtern fand ihre Erfüllung: Österreich kam wieder heim zum Reich. Am Dienstag, dem 15. März 1938, sprach Adolf Hitler zum ersten male vonder Rampe der Winer Hofburg zu seinem Volk und zur Welt. Dankbar konnte er die Erfüllung dieser grossen, ihm vom Schicksal auferlegten Aufgabe als vollzogen vor der Geschichte melden. ADN-ZB/Archiv Einmarsch der faschistischen deutschen Wehrmacht in Österreich und Annexion des Landes im März 1938. Ansprache Adolf Hitlers am 15. März 1938 auf dem Helden-Platz in Wien. 35143-38

El injusto Tratado de Versalles

Al acabar la guerra, los británicos y los franceses decidieron impedir que en el futuro volviera a suceder una experiencia tan terrible como la Primera Guerra Mundial, por lo que descargaron toda su ira sobre los alemanes. Así, en cierto sentido, el conflicto que comenzó en la madrugada del 1 de septiembre de 1939 no era más que una continuación del que había terminado el 11 de noviembre de 1918. Las condiciones de paz impuestas por las principales potencias vencedoras de la Gran Guerra −los Estados Unidos de Woodrow Wilson, la Gran Bretaña de David Lloyd George, la Francia de Georges Clemenceau y la Italia de Vittorio Emanuele Orlando− se materializaron en cinco tratados de paz, de los cuales el más famoso es el que sirvió para establecer la paz con Alemania, el Tratado de Versalles.

Por el Tratado de Versalles, (que puede consultarse íntegro en este enlace) las potencias vencedoras sometían a Alemania a una serie de condiciones irreales que sin duda representan una de las mayores causas de la Segunda Guerra Mundial. Los objetivos del tratado eran varios, siendo el principal de ellos la necesidad de controlar y reducir el poder político, económico y militar de Alemania. Para justificar sus cláusulas abusivas, Alemania tuvo que reconocer que era la única responsable del estallido de la guerra, y aceptar por ello todas las consecuencias. En primer lugar, se reestructuró el mapa de Europa, tanto para debilitar a los alemanes como para llenar los grandes vacíos de poder que habían dejado en Europa y Próximo Oriente la caída simultánea de los imperios ruso, austrohúngaro y otomano. De este modo, Francia recuperó Alsacia-Lorena, una amplia zona oriental pasó a ser de Polonia, se ocupó militarmente una parte de la zona occidental del país, y las fronteras sufrieron modificaciones.

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Al final, el Tratado de Versalles solo contó con el apoyo real de Francia y Gran Bretaña, pero eso no impidió que se ejecutara. Se impidió a Alemania poseer una flota importante, se le privaron de todas sus colonias de ultramar (que pasaron a ser británicas y francesas), se le prohibió contar con fuerzas aéreas y se redujo su ejército de tierra a solo 100.000 hombres. Además, se le impusieron unas indemnizaciones económicas bajo el concepto de «reparaciones de guerra», valoradas en 132.000 millones de marcos-oro, cuyo pago no se terminó de realizar hasta el año 2010.

La crisis del capitalismo: el Crack del 29

Otra de las grandes causas de la Segunda Guerra Mundial llegó justamente 10 años después del Tratado de Versalles. Si la economía mundial en general, y la alemana en particular, hubieran vuelto después de la Gran Guerra a un próspero sistema de crecimiento y expansión, quizás las cosas habrían sido diferentes. La realidad es que entre el 24 y el 29 de octubre de 1929 se produjo el «crack» de la Bolsa de Nueva York, la mayor caída de los valores de Wall Street de la Historia. Más de 13 millones de títulos que cotizaban a la baja no encontraron compradores, por lo que ocasionaron la ruina de miles y miles de personas. En los siguientes años, las caídas continuaron hasta que, en julio de 1932, se había esfumado el 90% del valor de las acciones estadounidenses.

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Como consecuencia del inicio de la mayor crisis económica del siglo XX, Estados Unidos acabó con la débil recuperación económica del Viejo Mundo. Para tratar de solventar su crisis interna, los americanos comenzaron a reclamar los créditos que habían concedido a los países europeos y cerraron el grifo del mercado internacional, lo que hizo colapsar las economías europeas. La crisis económica fue tal que, solo entre 1929 y 1932, las importaciones comerciales de EEUU cayeron un 70%, mientras que las exportaciones bajaron hasta un 50%.

Alemania fue una de las naciones más afectadas en todo por el mundo por el crack del 29. Este país había recibido préstamos por un valor de entre 200 y 300 billones de marcos, la mitad de ellos a corto plazo, lo que convertía a la economía alemana en extremadamente sensible e inestable. Entre 1929 y 1933, la producción industrial alemana cayó al menos un 33% y el paro se disparó hasta el 44%. Es decir, que llegó un momento en el que casi la mitad de las personas en edad de trabajar de un país en el que vivían cerca de 65 millones de personas no tenía trabajo.

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FILE–People gather across the street from the New York Stock Exchange in New York Oct. 24, 1929. Thousands of investors lost their savings in the worst stock market crash in Wall Street history on Oct. 29, 1929, after a five-day frenzy of heavy trading. The Great Depression followed. (AP Photo/File)

Si ya la gran inflación de 1923-1924 afectó seriamente a la seguridad y la confianza de los ciudadanos en sus instituciones democráticas y liberales, la depresión sin fin provocada por el Crack del 29 había sido el hecho determinante que echó a la población alemana a los brazos de Adolf Hitler. En septiembre de 1930, el Partido Nazi pasó de conseguir el 2.5% de los votos a lograr el 18.3%. En las elecciones de 1932, consiguieron alzarse con el 37% de los votos. Como consecuencia, el parlamento alemán (el Reichstag) quedó impotente y solo obtuvo una mayoría más, la de la votación para aprobar su disolución. Al final, Hitler había sabido aprovechar perfectamente el contexto nacional e internacional para despertar en los ciudadanos el resentimiento, la intolerancia, la arrogancia y el sentimiento de superioridad racial.

La política de apaciguamiento

El 30 de enero de 1933, por un acuerdo con los conservadores, Hitler fue nombrado canciller y no tardó en ponerse manos a la obra para no tener ningún tipo de oposición. Pronto, el sistema judicial, los tribunales, las universidades, el estado mayor, el cuerpo de oficiales del ejército y la prensa se sometieron a los dictados del nuevo régimen. Y todo esto con el respaldo ciudadano y sin que los demás partidos políticos pudieran hacer nada para evitarlo. La izquierda alemana, dividida entre el comunismo y la socialdemocracia, no supuso nunca una amenaza real, y a la derecha conservadora tradicional no fue difícil arrinconarla.

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Mientras tanto, los gobiernos británico y francés, plenamente conscientes de su debilidad, decidieron iniciar una política de apaciguamiento con la Alemania de Hitler destinada a evitar una nueva guerra que no podían permitirse ni a nivel económico ni a nivel militar. Desde el punto de vista de estas potencias, en un nuevo conflicto había mucho que perder y poco que ganar, así que la solución más lógica pasaba con negociar con la Alemania nazi para mantener una débil situación de paz.

Hitler era consciente de esta situación, por lo que, en cuanto logró consolidar su poder a golpe de decretos y encarcelamientos en masa, se centró en acabar con las limitaciones impuestas por el tratado de Versalles. De esta manera, en 1933 Alemania abandonó la Sociedad de Naciones y en 1935 reinstauró el servicio militar obligatorio. Ese mismo año, los británicos aceptaron que Alemania acrecentara su poder naval y aéreo con la Luftwaffe, y no hicieron nada ante los decretos de Nuremberg, que establecieron por ley el antisemitismo. Violando abiertamente lo pactado en Versalles, en marzo de 1936 tropas alemanas ocuparon Renania, una región industrial fronteriza con Francia que había permanecido desmilitarizada desde 1918. Asimismo, apoyaron abiertamente al bando franquista en la guerra civil española (1936-1939), se anexionaron Austria (marzo de 1938), e invadieron la región checoslovaca de los Sudetes (octubre de 1938).

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Auch Innsbruck atmete nach fünfjähriger Unterdrückung befreit auf. Im Laufe des Sonnabenvormittags wurde in Innsbruck bekannt, dass die deutschen Soldaten einmarschieren würden. Im Nu waren die Strassen mit begeisterten Menschenmassen angefüllt, um den Tag der Freiheit und Freude zu feiern. UBz die freudig erregte Menschenmenge in der Maria-Theresiastrasse in Innsbruck. 13.3.1938 [Herausgabedatum] Scherl Bilderdienst, Berlin

Los líderes políticos franceses y británicos no se quitaron la venda que les cegaba por lo menos hasta marzo de 1939, cuando las tropas alemanas ocuparon Praga, la capital checoslovaca. Una vez que éstos dejaron de dar concesiones a los nazis, Hitler movió ficha rápidamente. El 22 de mayo de 1939 firmó con Benito Mussolini el Pacto de Acero, y el 23 de agosto se firmaba un pacto de colaboración con la Rusia soviética de Stalin. Previamente, en noviembre de 1936, Hitler había establecido un pacto con los japoneses, que en los últimos años habían invadido la región china de Manchuria, la isla de Taiwan y la península de Corea.

Empleando a la gente en la reindustrialización militar del país y expulsando o encarcelando a todos los sujetos indeseables para el régimen, Hitler consiguió el pleno empleo en 1936. Con los datos económicos por un lado y la pasividad de las potencias occidentales ante la violación de lo pactado en Versalles por el otro, la popularidad de Hitler se disparó por las nubes. La mayoría de alemanes lo habían pasado tan mal en los últimos años que estaban dispuestos a renunciar a parte de su libertad y su humanidad para que la prosperidad por fin llegara a su país. La Segunda Guerra Mundial ya era inevitable.

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Des Führers Triumphfahrt durch das jubelnde Wien. Die Ankunft des Führers in Wien am Montagnachmittag gestaltete sich zu einem triumphalen Einzug, wie ihn wohl noch kein Staatsmann erlebte. Hunderttausende umsäumten viele Stunden vor der Ankunft der Wagenkolonne des Führers die Strassen und ihre Jubelrufe klangen dem Einiger aller Deutschen wie ein Orkan entgegen. 15.3.1938 [Herausgabedatum] Scherl Bilderdienst, Berlin

Bibliografía

BEEVOR, A. (2012): La Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Pasado y Presente.

HERNÁNDEZ, J. (2006): Breve historia de la Segunda Guerra Mundial. Madrid: Nowtilus.

HOBSBAWM, E. (1995): Historia del siglo XX (1914-1991). Barcelona: Crítica.

STONE, N. (2013): Breve historia de la Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Ariel.

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