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Humanidades

Aquella soleada tarde de verano, el hombre gordo de la camisa  verde y la gorra amarilla estaba sentado como de costumbre en uno de los medianamente oxidados bancos del parque. Nadie sabía por qué lo hacía, ni para qué. Llegaba…

Dicen que el cielo de Macondo llora sin descanso desde que nos dejara Gabriel García Márquez aquel diecisiete de abril de dos mil catorce. Sin embargo, a pesar de estos cuatro años de ausencia, el mundo lo recuerda como lo que fue: un escritor en el sentido más amplio de la palabra.