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Carlota Álvarez Basso, codirectora de Cine por Mujeres. FOTO: Benito Ordóñez

Kathryn Bigelow, Ava DuVernay, María Ripoll, Icíar Bollaín. Las mujeres son directoras. Jennifer Kent, Ángela Armero, Barbara Albert, Isabel de Ocampo. Y guionistas. Natasha Braier, Ellen Kuras, Rachel Morrison. Se encargan de la fotografía. Anne Dudley, Lolita Ritmanis, Rachel Portman. Y componen bandas sonoras. Hay mujeres en el cine, no solo delante de la cámara, sino también tras los focos. Y todas esas mujeres necesitan iniciativas que las ayuden a salir a la luz.

Carlota Álvarez Basso, entregada a la gestión cultural desde hace casi tres décadas, codigire el Festival de Cine por Mujeres de Madrid junto a Diego Mas Trelles. Según la entrevistada, este proyecto, que busca dar visibilidad a las producciones de dirección femenina, funciona como un salvavidas, en este caso, para las cineastas. Comenzó en 2017 y, tres años después, no ha hecho más que crecer: en la primera entrega contó con ocho salas y veinticinco películas. En la presente, se ha duplicado esa cifra.

La tercera edición se celebrará entre los días cuatro y quince del próximo mes y dedicará una atención especial al cine polaco con su Focus Polonia, una selección de tres largometrajes autóctonos del país. Además, se ajustará a las condiciones actuales con un formato mixto (presencial y online a través de la plataforma FILMIN) y contará con cincuenta y nueve películas, todas ellas bajo mando femenino. Como cada año, también habrá coloquios, encuentros y conferencias para continuar con este compromiso por la igualdad.

Tal y como cuenta Álvarez Basso, el Festival surgió como surgen las mejores cosas: de forma inesperada. En junio de 2017 fue invitada a una comida con la ministra de Cultura y Democracia sueca, Alice Bah Kuhne. El gobierno de Suecia se ha declarado abiertamente feminista, por lo que allí le preguntó a la gobernante sobre los resultados de sus campañas de paridad absoluta en la industria cinematográfica, sacadas adelante junto al Instituto de Cine de Suecia. “Contestó con mucho entusiasmo que desde que aplican rigurosamente los criterios de paridad en las ayudas a la producción cinematográfica, han aumentado sensiblemente los premios internacionales del cine sueco. Estos criterios de perspectiva de género se están llevando a cabo en todos los organismos gubernamentales y en todos los ámbitos de la gestión estatal”, explica la directora.

El mismo día, la profesional compartió los entresijos de la charla con la ministra con su actual compañero, Diego Mas, quien le comentó que tenía en mente poner en marcha un festival de cine que tuviera en consideración el talento femenino. “Entonces me subí a ese carro”, comenta. Y así nació el Festival Cine por Mujeres.

Pero, en una sociedad donde indudablemente cada vez hay más concienciación sobre las discriminaciones que ha sufrido la mujer y el movimiento feminista cuenta cada vez con más adeptos, ¿por qué siguen siendo necesarias propuestas de este tipo? “El cine tanto como arte y como industria es un reflejo de la sociedad. Hasta que no haya una paridad real en todos los ámbitos, esta desigualdad se producirá en la industria del cine”, declara Álvarez Basso.

Pequeños pasos

Tanto es así que, aunque se aprecian ligeros cambios, la situación no es buena. Según informes de CIMA (Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales) reseñados por Álvarez Basso, el porcentaje de directoras varió entre 2015 y 2018 solo un 3%, pasando de 26% en el primer año a 29% en el segundo. Pese a que estas media de crecimiento positivo se refleja en ámbitos de producción (7%), dirección (1%) y guion (17%) entre otros, sigue quedando patente la preponderancia de la presencia masculina en la mayoría de trabajos del mundo del cine, a excepción de los de diseño de vestuario (en los que las mujeres representaban un 86% en 2018) y peluquería y maquillaje (72%).

FUENTE: Informe CIMA 2018

Respecto a estos datos, la responsable del Festival expone que el contexto sigue afectando a la profesionalización de las mujeres: “Muchas de ellas han tenido que autoproducirse o han dirigido o firmado en asociación con otros hombres o con el apoyo de sus maridos. El resultado es que la mayoría de mujeres solo terminan por dirigir una o dos películas”.

Asimismo, explica que fomentando el aumento de cineastas se generará un efecto dominó en el resto de disciplinas cinematográficas. “Cuando hay mujeres en categorías de liderazgo, que es donde se dirimen los contenidos, aparecen nuevos enfoques positivos para la imagen femenina y además, suelen contar con mayor presencia de estas en sus equipos técnicos”.

Las grandes olvidadas por la crítica

En los últimos Premios Goya ninguna mujer estuvo nominada dentro de las categorías más relevantes (Película, Dirección, Guion, Fotografía, Dirección Artística, Música y Película de animación). Estos datos fueron desesperanzadores respecto a 2019, donde en la categoría de mejor película figuró la directora Arantxa Echevarría por Carmen y Lola y otra más como productora, Mariela Besuievsky por El reino. Sin embargo, Álvarez Basso achaca este retroceso a un hecho puntual que “tiene que ver con la cosecha de cada año, sin ser una tendencia regresiva”. Del mismo modo, subraya que no se trata de un “problema de calidad, capacidad o potencial profesional de las mujeres”.

Por su parte, en referencia a las palabras de Belén Funes (única ganadora femenina de un Goya en 2020 en cuanto a dirección, obteniendo la Mejor dirección novel por La hija de un ladrón), quien expuso que “cualquier proyecto, si lo firma una mujer, es analizado hasta un detalle casi enfermizo”, la directora comenta que para liberar al sector femenino de esta presión es necesario un cambio en el sistema. “Una vez que se haya alcanzado la paridad en la dirección, el siguiente paso es la igualdad presupuestaria: que ellas reciban sumas similares a los hombres”, explica.

Para hacer esto posible, presenta como referencia la política cinematrográfica de Anna Serner (CEO del Instituto de Cine de Suecia), unas medidas que se aplican rigurosamente desde 2010 y afectan tanto al presente y futuro como al pasado de la industria. “Deberían crearse ayudas más diversificadas”, propone Álvarez. “Ayudas al presente, es decir, las películas existentes que se van a promocionar. Ayudas al futuro, seleccionando los proyectos que se van a financiar y priorizando proyectos que luchen contra los estereotipos de género. Y ayudas al pasado: revisarlo con el objeto de rescribir la cinematografía, dándole a las mujeres profesionales la visibilidad que merecen”.

Las heroínas salvan el mundo… Pero no la industria

Precisamente, los estereotipos son otro de los problemas en los que, en este caso, las actrices se encallan. En muchas ocasiones, existe la tendencia de representar a las protagonistas como heroínas: Uma Thurman en Kill Bill, Charlize Theron con Mad Max o Jennifer Lawrence en Los juegos del hambre.

Respecto a esta última saga, su segunda película (Los juegos del hambre: en llamas) fue la primera en cuarenta años, protagonizada por una mujer, en liderar la taquilla estadounidense. Sin embargo, para la directora, este no es el camino ideal. “Necesitamos cambiar los estereotipos y que el cine, las series y la televisión ofrezcan retratos de mujer que nos gusten a nosotras, no solo a ellos. Mujeres que nos interesen, que asuman su vida, que nos diviertan, que sean modelos refrescantes…”.

Mismo caso le parece el de Mulán. El clásico Disney recientemente remasterizado se considera como el más feminista de la productora. Sin embargo, estamos ante la historia de una chica que se ve obligada a hacerse pasar por un hombre para luchar, poniendo sobre la mesa la controversia sobre cuán feminista es el hecho de atribuir características masculinas a una protagonista femenina. “Queremos películas que retraten a mujeres del presente y del futuro, no solo del pasado o imaginarias. Y, lo más importante, que ofrezcan a las niñas y jóvenes modelos que anteriormente apenas existían. Hay que crear una nueva categoría”.

Pero el camino hacia esta creación tampoco será de rosas. Rosamund Pike en Perdida, Angelina Jolie en Maléfica o incluso varias participantes de la serie El cuento de la criada son algunas de las actrices que han generado un fuerte debate por sus actuaciones, respecto a si sus papeles son o no feministas. Pero para Álvarez Basso, esto es algo positivo. El motor de cambio reside precisamente en esa divergencia en la opinión pública, ya que considera “absolutamente necesario” analizar y exponer opiniones acerca de los personajes femeninos, con vistas a que la propia audiencia contribuya al revisionismo del cine para dar lugar a esa “nueva categoría”.

Los efectos del cero cultural

“Siempre será mayor nuestro esfuerzo”, expone la directora respecto a cómo deberá reinventarse el cine hecho por mujeres para superar el parón cultural actual. Considera que para paliar las situaciones de desequilibrio social comentadas anteriormente y las que se desencadenarán por la pandemia es necesario incrementar los incentivos económicos a proyectos femeninos. “Sé que estas opciones pueden parecer discriminatorias, pero no existe una solución ideal. Lo cierto es que las medidas de este tipo que ya existen están ayudando a duplicar la cantera de talento femenino en nuestra sociedad”. Por ello, también aprovecha para apelar a “los gobiernos presentes y futuros”, instándolos a que faciliten “la implantación real de políticas de paridad”.

“Como dice Isabel Coixet en Corsé y cicatriz: Solo queremos justicia, respeto, igualdad y equidad ante la ley y ante los que marcan los sueldos. Un lugar en la mesa del poder y las decisiones. Y, si puede ser, ya. Ayer mismo”, concluye la representante de Cine por Mujeres.

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